jueves, 10 de noviembre de 2011

Creo que si no me tomaría las cosas tan a la tremenda, mi vida sería más light. O eso es lo que pienso un jueves de noviembre, con 16 años.
Tengo defectos, miles. Pero por sobre todo, en creer demasiado en la palabra de las personas (o en las no palabras) Si me decís que vas a venir, voy a esperarte toda la vida. No hay una lógica que me haga entender que las cosas no son así. Y soy muy tajante, no hay términos medios, o estas, o te vas, si te quedas ahí, me lastimas. Y soy susceptible, y celosa, y cuando quiero algo tengo que tenerlo, acá, y ya, no tengo paciencia ¿Cuándo me enamoro? No me reconozco, mi vida se divide en dos.
Me gusta que me escuchen, y me gusta escuchar, y aunque muchos digan lo contrario, siento que no se dar consejos. Veo fáciles las soluciones de los problemas de los demás, pero me es imposible resolver los míos. Y odio profundamente a la gente que como única salida dice ‘Ya lo vas a olvidar’.
Y después de tantas vuelvas, idas y venidas, estoy segura que ya encontré mi lugar en el mundo, y es acá, en donde estoy. Y también encontré al amor de mi vida, y me enamore. Tengo una película favorita, y un libro, y cada dos palabras, digo la frase de una canción. Y me gusta el rock. Amo el rock. Y colecciono aros. Y escribo, todo el tiempo, en cualquier lugar, sin motivo o circunstancia, si me dieron ganas de escribir, escribo y punto. Y puedo hiriente, y egoísta, pero se perdonar, y por saber perdonar, me fue como me fue. Y soy extremadamente supersticiosa,  y no tolero que la gente que quiero, se vaya de al lado mío, no lo acepto,  no me gusta, no.
Y tengo 16 años, y me llamo Agustina…