martes, 13 de diciembre de 2011

Es increible como algo tan pequeño puede producir una transformación tan grande. Y es todo un símbolo de esa capacidad maravillosa que tiene el ser humano de reírse de sí mismo.
En un momento de crisis (como éste), la capacidad de reírse de uno mismo es más importante que nunca. Los adultos suelen creerse muy importantes, serios y respetables. Y más que nada, quieren que los demás los vean así. Esconden sus errores, defectos, fracasos, lagunas intelectuales, egoismos, manías, partes púdicas y momentos de locura. Pero este esfuerzo disimulador no suprime todos estos aspectos "vergonzosos". Somos seres imperfectos, ignorantes y frágiles, en un mundo muy muy grande que nos desborda. Hacemos lo que podemos, con lo que nos ha tocado.
Ponerse la nariz roja es una forma simbólica de aceptar, reconocer y celebrar el hecho que al fin y al cabo, somos bastante ridículos.
El clown es la parte de uno que no disimula, y que se enfrenta al mundo con frescura y naturalidad. Todos tenemos un clown interior que puede desarrollarse. A través de la nariz roja podes entrar en otro mundo, o más bien en otra manera de ver el mundo, con ojos más inocentes pero también más abiertos, con una emocionalidad menos controlada y más sincera, con alma de niño.


"La próxima vez que entres en un atasco terrible y sientas angustia, colócate la nariz. No se trata de hacer nada. No hay que "hacer payasadas". Al contrario... Lleva la nariz con dignidad, como si fuera lo más natural. Compórtate como una persona más. Podes mirar a las personas que tenes a tu lado, como harías normalmente. Podes saludarlos si ellos te miran. Podes mecerte o cantar con la música. Incluso podes enojarte. Pero siempre desde tu clown, con su sensibilidad. Verás como el tiempo discurre de otra manera, y que incluso eres más amable. Disfruta, porque estás haciendo un servicio público también para los demás." Fiesta es la nariz de payaso.


Necesito una nariz de payaso, ¿No me prestás la tuya?
Encontrando la manera de reírnos de nosotros mismos.
Disfrazándonos de lo que no podemos ser, porque 
aunque nos maquillen mal, igual les va a encantar.




Me pongo la nariz, y me olvido de todo, sí.