domingo, 5 de agosto de 2012


Es flaca, alta, inmensa, pero muy chiquita. Es débil, fea, esquelética, y muerta de hambre (literal). Se rodea de princesas, no tiene amigos, por eso, ella los elige, selecciona a las mentes mas débiles, mas vulnerables, y se mete ahí, hace propios a cuerpos ajenos, sonríe de dejar vacíos todos los rincones, y no te deja, no te suelta.


Así la conocí yo. Es amiga de una amiga, y me corrijo, es dueña de una hermana. Al principio la ignoraba, pero con el tiempo me di cuenta que sin querer, algo me ponía condiciones: Si quería estar cerca tuyo, amiga, también tenia que estar cerca de ellas. Y digo ellas, porque tiene una súbdita, un poco más débil y atolondrada. Ella casi no tiene uñas, y lleva mal aliento. Derrames en los ojos, y carraspera constante en la garganta. No se resiste al sabor de lo que (para ellas) esta prohibido, entonces después escupe (o vomita) la culpa.


Son dueñas de mi amiga, y por lo tanto amigas mías. Es una cuestión de tiempo. Al principio trataron de alejarla de todo lo que alrededor de ella, tenia colores. Dejaron su vida plasmada de blancos, negros, y huecos. Sonrisas falsas, y la cabeza atareada. Aparecen cuando necesita reír con fuerza, mirándola, y apuntándola con el dedo, no dejándola ser feliz, o mejor dicho, permiten que sea feliz a su manera: muriendo.


“Un estilo de vida” (o de muerte). Aprovechan los momentos en los que muestran los dientes, porque están cada vez mas cerca de la meta. Una meta, que no tiene limites, que una vez lograda, necesitan otra, y después otra más. Así es esto, un circulo vicioso, nunca se abastecen, nunca es suficiente, y nunca dicen ‘basta’.


Y nunca más hablemos de tomar un café, sin pensar en las calorías que tiene, o que “las tres cucharaditas”, se reduzcan a una pizca, y que sea edulcorante, por preferencia. Y que lo que entro, tenga que salir por donde vino, porque ella va a enojarse.


Así son ellas, (para mi parecer) egoístas, malas, y más enfermas, que la enfermedad misma. Deciden por sobre las elecciones que se presentan, y de un tirón, y sin paciencia, arrancan de la forma más violenta, los sueños, los proyectos, los planes, con el fin de dejar un camino vacío hacia la meta.


La vida de mi amiga es un cuentagotas, la escucho decir ‘lo que me queda’ y una parte de mi, se cae. Es solo un saco de huesos, cubierto por una fina, elástica y fría (congelada), capa de piel. Piel que si pudiera cortarla para hacerla más fina, lo haría. Yo la quiero más, de lo que ella se quiere así misma, y aunque le hablo para ayudarla, mis palabras no la curan. Desde hace un tiempo, que cuido de ella, aunque sea, agarrándole la mano, para que el viento no la vuele, primero, y después para poder de alguna forma, sacarla de ese hueco inmenso, oscuro, y profundo. A veces te veo sonreír, plenamente. Son microsegundos, en los que veo esperanza. Y si me miras, estando con los pies en este mundo, sé que con los ojos húmedos, me pedís ayuda. Si en tu lenguaje, ‘ayuda’ se basa en no dejarte, da por hecho saber, que a donde sea, voy a ir con vos.


La abrazo, la agarro con fuerza, toco las costillas, las clavículas, le regalo un poco de mi calor, agarrándole sus manos, que siempre están heladas. Un nudo en la garganta, que cada vez, se me hace más difícil de pasar. Vive, porque respirar es light, liviano, y 0% calorías. Ya no ama, ya no sufre, ni llora por eso. En el lugar de ‘él’, ahora están ‘ellas’, pero aun así, creo en ellos, y veo esperanzas.


Ojala estemos llegando al final de este trago, o que un día te acuestes a dormir, y cuando te levantes, seas una y no tres, que una sola voz este en tu cabeza, y que sea la tuya, inquieta y perspicaz, siempre alegre, contenta, y sana. Y un favor te pido: que me pidas permiso antes de hacerte algo a vos misma, porque con lo que hagas, me vas a estar lastimando a mi también, porque yo cuido de vos, como si fuera mi propio cuerpo (y mente).


Considero injustas, y usurpadoras, a las ‘noseque’ voces que te arrebataron el camino que habías formado. Y te prometo, que va a llegar el día en que pueda mirarte a los ojos y decirte: ‘amiga, nos salvamos’.



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