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miércoles, 24 de diciembre de 2014

Me había cansado, porque a veces pasa. Me encontraste vulnerable, con las valijas casi hechas, sostenida por lo proyectos, por los recuerdos, esperando que quizás, cuando el sol sin querer me diera un poco más en cara, vos pudieras ver que me estaba escapando. Es paradójico querer que alguien te vea cuando te escapas, pero eso quería.
Fue un sacudón, en realidad. ‘Agarra tus cosas, y ándate’. ‘Ándate’. Me voy. Y me fui. Cerré la puerta con miedo de no abrirla nunca más. Cerré despacio, en silencio, mientras los ojos se cargaban. Cerré la puerta, y con eso, un futuro. Ahí estaba yo, esperando que el ascensor llegara al cuarto piso, para dejar ahí, en ese pasillo, plasmado mi fracaso, otra vez.
Fracaso por no saber transmitir. Y me dolió. Lloraba de noche, y en el tren. Lloraba mirando tv, tomando el té, y mientras reía. Lloraba porque habíamos llegado ahí, también, por errores míos. No me entraba en la cabeza, en mi coherencia, como podía ser que el amor lastime demasiado. Lastime así, aun cuando se estaba amando.
Congele mis dedos para no escribirle, para alejarlo. Necesitaba su calor en la cama, y sin embargo deseaba tenerlo lejos. Lo extrañe a cada hora, a cada minuto, a cada segundo, de ese interminable día.
Lo vi al día siguiente, gigante. Vestido de perdón. Lo ame como al primer día, de nuevo. Llore con él. Lo abrace. Le pedí paciencia. Paciencia en el medio de la tormenta. Una hora después, me baje del auto, camine una cuadra, y me fui, sola. Le pedí que coma, que se cuide, y que me espere, y asintió. Mi alma estallo en mil pedazos, un día después de alejarlo, me volví a enamorar.
Todavía me pregunto cómo hace para vulnerar mis sentidos. Aísla mis miedos, me estremece. Puedo perdonarle hasta lo imperdonable, puedo aceptar que quizás, alguna vez, confundió mis ojos, con otros. Encuentro la solución a todo, cerca suyo.
Entendí que quizás, no le di la oportunidad a que me escuchara. El miedo de no saber que podía pasar, me paralizaba, me volvía una tipa reservada, sumisa, quieta. Me volvía quieta. Y yo no soy así.

Después de unas semanas, puedo decir, que todo está en orden. Mis sentimientos, mi cabeza, y el. Me enamoro a cada segundo, lo elijo al parpadear. Lo hace, tan sencillo y natural. Me enloquece, me rescata, y me salva. Al fin, alguien me salva.



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