lunes, 26 de marzo de 2012

Fue sencillo, pasar del dicho al hecho, y sin darnos cuenta. Porque quizás, durante mucho tiempo, nos quemamos con las miradas, y ninguno de los dos se animaba. Fue fácil, la situación de los dos lo pedía, estábamos solos, y era de noche. Yo seguía con las heridas, y vos con ganas de curarlas. ‘Abrázame, dale’ y se terminó. Descubrí algo distinto, algo más, que me hace bien. Y después la confusión, el histeriquito, ‘somos amigos’, o así se le dice ahora, a esa persona que no te animas a ponerle un título ¿Desde cuándo se trata de ‘amigo’ a la persona que queres ver en tu cama todas las noches?

Y pensar que quizás fue esa vez y nada más. Porque a veces la necesidad, y la desesperación, complotadas, te llevan a un lugar que jamás pensaste visitar. Y volverte a ver, después de mirarnos un poco más, y la duda. Un ‘Hola’ frio, un abrazo, que ya no es el mismo. Y las palabras cortadas, las sonrisas, y si se sale hablar del tema, nos escudamos con la confusión, y miramos el suelo. Pero viniste de frente, las cosas en la cara, nada de vueltas, ‘me pasan cosas con vos, es en serio’. Y la seguridad, de enfrentar a lo que sea, y arriesgarse a caminar por la cuerda floja. Eso es lo malo del amor, que tiene finales drásticos.

Esa noche que las cosas cambiaron, me encontré mirándolo con otros ojos, y desde ahí, lo agarre de la mano, ‘probemos con enamorarnos’. Y la amistad termino. Chau consejera, chau a la amiga canchera, chau a los malos tratos con cariño, chau al inicio de conversación con un insulto, chau a la aprobación de tus candidatas, chau a la defensora de la que la amistad, entre el hombre y la mujer existe, chau.

Probar, arriesgar, sin margen de error, y tener siempre presente que va a doler si me equivoco. Pero nos la hicimos fácil. Una pelea, es un portazo, tres o cuatro días sin saber del otro, y después un llamado, acá no pasó nada, ‘te extraño’. Y otra vez, volver a sonreír, colgarme de tu cuello, acostarme al lado tuyo, panza al cielo, buscar formas en las nubes, y quedarme mirándote a los ojos. Apoyar mi cabeza en tus piernas, tus manos acariciándome la cabeza, cerrar los ojos, y sentir que morir en ese momento, seria morir feliz.

Y yo que pensé que iba a perder a un amigo, tengo que reconocer que me equivoque. Las cosas siguieron igual, o mejor. Siempre con las mismas ganas de ayudarme, bancarme. Un abrazo de amigos, que termina con una palmada en la cola, y está bien, no somos más amigos...

Tengo la seguridad de que pedirte un abrazo, esa noche, fue el error más acertado que di en mi vida. Romper con el protocolo, patear el tablero y hacer lo que sentís ¿Desde cuándo se juega con reglas? Si no me arriesgo, voy a perderte para siempre. Y acá estamos, con peleas, con reproches, gritos, diferencias, pero juntos, y si decae, empujarlo y seguir. No me voy a arriesgar a perderte porque si, apuesto todo, por vos, por mí, por nosotros. Porque sé que dé a dos, se puede llegar lejos, muy lejos. Nunca fui muy buena en resolvérmelas sola, y tanto tiempo que estuve cerca tuyo, y sin darme cuenta que eras mi otra parte, siempre confundiendo el amor, con la amistad.

Y la pasamos lindo, no está mal dejarse llevar. Me pase todo este tiempo, buscando la parte que me faltaba para completarme, y te encontré. Por un descuido, por casualidad, o porque sí. Muchas noches, un abrazo de otros brazos, me daban (in) seguridad, y calmaban el sentimiento de necesidad. Pero al fin, ya no busco más, porque vos estás conmigo, y sos todo lo que necesito. Desde el primer momento que me cargue esta mochila, puse en principio, hacerte feliz, todos los días de mi vida, y a cada segundo, y sin pedirte nada a cambio, porque desde que estas, acá, cerca mío, encontré una forma física de la felicidad, vos, en cuerpo y alma, entero. Quiero tenerte para siempre, lo necesito, siempre voy a pertenecerte, porque yo lo elijo, quiero ser tuya toda la vida.

Felicidad es verte llegar, mirándome. Tocarte mientras dormís, hablarte al oído. Es intentar ganarle a los 90 minutos de partido, agarrarte de la mano, besarte, abrazarte, sin razón. Por estar, por mirarme, cuidarme, acompañarme, te elijo. Porque siempre te elegí y quiero verte envejecer al lado mío. Dedicar mi vida y mi cuerpo a vos. Que en mis sueños, y proyectos, ya no entre una cama, sino sean dos, y que toda mi vida duplique los pensamientos.

Yo lo amo y no me preguntes porque, pero a ese hombre que viene allá, que camina lento, y mirando el piso, lo amo con con todo lo que soy. A donde quieras te acompaño, a donde vayas voy, es un placer amarte.