lunes, 23 de julio de 2012


Todavía no encontré un lugar firme. O sea, si, pero no quiero estancarme. Las malas experiencias de un pasado inquieto las pago hoy. Mejor dicho, las paga él. Ojala existiera una manera de borrar lo que alguna vez casi llega a matarme, y así poder entregarme entera, sin preguntas, sin reproches, y por sobre todo, sin culpas.

Vivía, por el solo hecho de respirar. Hasta llegar al punto de creer, que quizás, mi respiración, a un par de kilómetros le molestaba. Entonces fue, que surgió la idea de dejar de respirar, para así, no molestarlo. Dos tardes, y unos minutos más, fue lo que tarde para arrancarme el corazón, y dárselo, para que haga con el ‘lo que quiera’, y así fue. Arranco, despacio, cada parte, y a pesar de todo, en ese momento se sentía bien, porque él estaba haciéndolo (‘sos bueno hasta para romperme el corazón’)

Sera que éramos distintos, que tus heridas en el corazón te hicieron un ‘tipo frio’, tus formas de querer no eran las mismas que las mías, y por eso, yo tenia que pagar, cada una de las veces, que el amor, no se acostó a dormir con vos, en tu cama. Que la culpable de llegar a esto soy yo, por cargarme en la mochila ‘cuestiones que no te incluyen’ y que sin querer, vos, me las metías, me culpabas, me las hacías sentir.

Y fue un día que todo término. Sacamos lo peor de nosotros, y nos dijimos las cosas en la cara. El rencor de cada uno hizo de las suyas, por nosotros. Y que te vaya bien, y  que todo este tiempo de vacío que me dejaste, la vida se encargue de hacérmelo valer. Que te arrastres en mis pies pidiéndome que vuelva a abrazarte otra vez, y que todos los días de tu vida, te acuestes, dándote cuenta que solo, me dejaste ir. Gritos, malas palabras, portazos, y otra vida, esta vez, si se termino. Y se había terminado.

Me di la cabeza contra la pared, hasta verme sangrar. Pensé que corriendo, iba a escaparme de mi propio cuerpo, y tropecé, volví a lastimarme otra vez.  Si no era de él, no iba a ser de nadie. Y los días pasaban, y las heridas sangraban, mi cabeza respondía por si sola, y yo no sentía.

No pretendía estar bien, ni sanar las heridas, ni rellenar huecos. Solo quería que pase el tiempo, que así el dolor se va. Y creí que mi vida iba a ser una rutina amorosa, por tiempo indeterminado, pero me deje sorprender. Encontré el amor, escondido en algún lugar del frasco que yo veía completamente vacío, y me deje llevar.

Si antes creí saber del amor, el me demostró que mis conceptos eran equivocados. Tengo muchas preguntas, pero él se sienta, me mira, a veces contesta, y otras se queda callado. De las palabras mas lindas que escuche, y del abrazo mas fuerte que me dieron. Saber que lo que yo vivo ahora, y lo que pueda vivir mas adelante, él ya lo paso, ya lo sufrió, o ya lo disfruto, y que va a estar aplaudiéndome, si avanzo, y frenándome cuando este dando los pasos equivocados.

Un marco, una guía, me agarra de la mano, y me da la seguridad de saber que camine donde camine, voy a estar a salvo, porque él me esta cuidando. Hoy sé que nunca más voy a estar sola. Que mis problemas se dividen en dos, que mis placeres tengo con quien compartirlos. Que disfrutamos de las mismas cosas, y que los secretos que guardan las paredes, nos comprometen a los dos.

Saber que es el principio de una eternidad. Un compañero de vida.