jueves, 11 de octubre de 2012

Y nunca nada, me peso tanto, como su mirada, por arriba de mis hombros, un viernes frio, cerca de las ocho. El reía de verme, y yo… Yo reía de nervios.

 Y me invito a su casa, desobedecer las ordenes que desde chica me canse de escuchar ‘no hables con extraños’, bueno, no solo hablaba, sino que me había invitado a su casa, y había accedido a ir. Nunca pensé que me iba a ir con ganas de volver (contradictorio, ¿no?), y sin embargo deje sorprenderme. 

Nadie sabe, hasta ahora, lo que fue que nos unió. Quizás que compartimos las mismas pasiones, o quizás, y muy seguro, fue que él buscaba un corazón, y yo alguien que recicle el mio. Y que los dos, casi sin querer, rogamos no lastimarnos.



 ¿Y que esperan? Si volví, y desde hace cinco meses que sigo volviendo