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lunes, 28 de octubre de 2013

Hace cuatro noches que duermo con él. A veces me abraza, me aprieta fuerte, me hace parte de su sueño. Otras me da la espalda, y me empuja. Está al lado mío, y duerme profundo ¿Creerían si les digo que jamás imagine que iba a verlo dormir? Me sorprendo levantándome a la madrugada, y solo me dedico a mirarlo. Es que a veces los sueños son tan reales… Pero sigue ahí, intacto, respirando. Y yo sigo aca, intacta, amando…
El sol alcanzo su punto más alto, y yo recién abro los ojos. Y él está ahí. Sigue ahí. Es parte de mi despertar, de mi  vida.  Amo mi vida al lado suyo. Veo mi vida con él, y puedo hablar del futuro.
Nunca sentí sensación tal, de esas que de alguna manera, tenes que sacarlas del cuerpo, porque empiezan a incomodar. No me alcanza con mirarlo a los ojos y decirle que quiero vivir para siempre con él. Quiero más mañanas así. Quiero irme a dormir más noches, con la sensación de saber que le pertenezco. Soy suya. No soy de otra manera.

No renuncio a nada, no renuncio a vos. 

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