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miércoles, 13 de marzo de 2013


Entonces llego a la situación, que por los demás, no puedo ser yo. Porque soy demasiado grande para algunas cosas, y muy chica para otras. De repente, entonces, me disfrazo de grande para hacer algo, y después cuelgo el antifaz, y vuelvo a ser una nena. Ya no soy yo, soy ellos, lo que ellos ven que yo soy. Y no me encuentro, no sé qué quiero ser, no sé cómo ser, no sé qué hacer. Y para rematar mi incertidumbre, se me plantea una situación en la que soy grande y chica a la vez. Y entonces llego yo, mi verdadero yo, que necesita dejar de respirar.

Todo era más fácil cuando me sacaba los zapatos de la abuela, y volvía a ser una nena. Me disfrazaba para jugar, porque de verdad era una nena.

3 comentarios:

  1. Uno SOBRE todas las cosas!
    Saludos!

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  2. Cuesta crecer, y mas en esa etapa intermedia en la que sos nena y mujer. Creo que podemos tener lo mejor de los dos mundos en esos momentos. Hermoso blog
    xoxo

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  3. Es muy tierna tu historia, Agustina.
    Me gustó tu blog.
    Un abrazo.
    HD

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